MATICES SOBRE EL AMOR
No sé en qué momento empezó. Quizá nunca empezó y simplemente siempre estuvo ahí, esperando a que fuéramos lo bastante mayores para entender que algunas personas llegan tarde incluso cuando aparecen a tiempo.
Nos vemos muy de vez en cuando. A veces cruzando un paso de peatones, otras en la cola de una farmacia o en una cafetería cualquiera. Tú vienes de dejar a tu madre, o de hacer gestiones para tus hijos o vas acelerada para el trabajo o en búsqueda de tu marido que te incitará a desayunar. Yo voy camino del trabajo pensando ya más en la jubilación que en otras oportunidades.
Siempre es igual.
Nos saludamos con esa educación absurda que se reserva para los desconocidos y para quienes significan demasiado. Hablamos del tiempo, de la salud, de lo rápido que han crecido los niños, de nuestras familias, de los amigos o conocidos comunes. Pero nunca de nosotros... lo evitamos.
Y, sin embargo, durante esos cinco minutos el mundo recupera todo el color que había perdido.
Parece que nadie quiere despedirse. Y casi forzamos el adiós. Después cada uno sigue su camino.
Tú hacia tu vida.
Yo hacia la mía.
Dos vidas perfectamente construidas sobre una única ruina.
A veces, casi siempre, pienso que tuve mala suerte.
Otras, las menos, creo que la tuviste tú.
Pero casi siempre llego a la misma conclusión: lo más cruel del amor no es que termine. Y es que hay amores que nunca terminan
Lo más cruel del amor es encontrarte a la persona correcta cuando ya no eres la persona adecuada... Y piensas que aun así... en esa ausencia que te parece absoluta... ese amor es mucho más válido que cualquier otro. Muchísimo más deseable y perfecto.
Comentarios
Publicar un comentario