OTOÑO
Estoy al lado de mamá. Cansada. Somnolienta. Aburrida. El largo otoño ha empezado y la lluvia golpea los cristales. Ya es la tercera serie turca que contemplo. A ella le encantan. Es entonces, hundida en el hastío, cuando recuerdo que hace apenas nada me peinaba las coletas, me vestía de fiesta y me llevaba al arenal a jugar con las olas, siempre agarrada a su mano. Ahora soy yo quien le aparta el flequillo, le coloca la manta y le acerca el vaso de agua. De pronto me aprieta la mano, señala la televisión y, con una sonrisa de niña, me susurra: —¿Tú crees que esos dos acabarán juntos? Y, por primera vez en toda la tarde, deseo con todas mis fuerzas que sí: que envejezcan, compartan sofá y sigan perdiendo el tiempo con aburridas series turcas mientras la lluvia golpea los cristales en pesados días de otoño.