COSTURA
A Inés le habían prohibido coser de noche. Su madre decía que las agujas atraían desgracias, pero ella había encontrado en el costurero de su bisabuela el sosiego necesario para soportar el miedo que anunciaban los pasos de su padre y su mirada hosca y violenta. Una madrugada tomó una decisión: cosió la sombra de su padre al suelo del dormitorio. Al amanecer, él no pudo salir. Gritó, golpeó las paredes, amenazó con castigarla. Inés permaneció en silencio, aferrada a sus agujas, hasta que el hombre volvió a dormirse. Entonces, con unas tijeras, cortó la sombra. Se asomó a la ventana y la cosió a una nube grande y gris, antes de que se levantara la brisa y se la llevara lejos, hacia el sur. Aquella noche, su padre no regresó. Y, por primera vez, Inés pudo dormir sin miedo y sin costura.