REGALO FINAL
Ella le regaló a su pareja un yate nuevo con la última herencia de su padre. Un modelo bimotor, silencioso y brillante, demasiado caro incluso para decirlo en voz alta. “Se lo merece”, se repetía. Llevaba meses exhausto, atrapado en un despacho que le borraba los días y también la mirada. Hacía tiempo que apenas se encontraban de verdad. Se quedaron en alta mar sin nadie alrededor, como si el mundo hubiera decidido retirarse. El sol cayó lento, dorando la cubierta. Entre caricias distraídas y silencios cómodos, él decidió darse un baño. El agua estaba tibia, inmóvil. Ella lo observaba desde la borda, con una copa de vino blanco recién abierta y el caviar aún sin tocar, como si el lujo fuera solo otra forma de esperar. Entonces vibró el móvil, olvidado sobre una toalla. “Hace dos días que no nos vemos y me parece una eternidad”. Ella leyó conmovida la pantalla. Durante un segundo no ocurrió nada. Solo el mar respirando. Y el alegre, ausente, saludando desde el agua. Ella l...