EVACUACIÓN
La evacuación era la única esperanza. La radiación ya había comenzado a convertir a los últimos supervivientes en criaturas sin memoria, devoradas por un hambre infinita. Aseguraban que el nuevo hábitat orbital era inmortal, perfecto, libre de enfermedad y de muerte. Le rogué que subiera conmigo. Pero Amelia no podía abandonar a su familia ya contaminada. "Si ellos se quedan, yo también", respondió mientras las sirenas anunciaban el último despegue. Desde entonces, y han pasado ya dos años, cada viernes por la tarde regreso al mirador de la estación espacial y contemplo la Tierra agonizante girando bajo mis pies. Y ella siempre acude a nuestra cita: tambaleándose, con la piel hecha jirones y el vestido desgarrado, exactamente en el mismo lugar donde la dejé.