COBIJO
Al principio fue en el alfeizar de la ventana. Solo sucedía aquellas noches oscuras de invierno cuando los truenos iluminaban la habitación. Nunca me dieron miedo pero tampoco han acabado de agradarme. Son muy callados y, en ocasiones, me insinúan cosas que no me acaban de convencer. Hace un mes pasaron a estar en el armario. Cuando llegué del colegio por la tarde y quise coger las zapatillas, allí se encontraban, entre las chaquetas y los abrigos. Pero hoy han aparecido debajo de la cama. Yo estaba jugando con mi peonza y se me escurrió de la alfombra y al levantar el edredón que colgaba casi hasta el suelo, allí estaban... sonriéndome... con una extraña mueca... enseñándome sus manos ensangrentadas... y afirmando que no les quedó más remedio... que yo nunca me iba a decidir.... De pronto he oído un grito. Era la vecina... sus voces indicaban pánico... había ruido... y pude entender la palabra muerto... su marido muerto. La verdad es que siempre fue un tipo bien desagradable. He vuelt...