VIVIR
Salgo a la vida cada mañana con la sensación de que todo es reconocible, imaginado, repetitivo, y sin embargo siempre hay algo que me descoloca y que me reconforta: una risa que no se espera, una luz distinta sobre la misma calle, una palabra que llega justo a tiempo, una mirada sugerente, un café cómplice inesperado, una caricia robada a la brisa. Y parece que nada cambia, pero todo te recuerda que sigues latiendo. Y acabas concluyendo que en esa mínima grieta de lo cotidiano es donde la vida, sin avisar, se vuelve inexplicable y suficiente... y hermosa.