DEMASIADO BARATO
He pasado por delante de la casa donde crecí. Ya no es mi casa. La han pintado, han cambiado las ventanas y ahora la alquilan por noches. La he encontrado anunciada en Booking, con fotos luminosas que no se parecen demasiado a mis recuerdos. Conozco bien esa habitación de la ventana que da a un patio de luces. Allí vi llorar a mi madre cuando creía que yo dormía. Aprendí, mucho antes de entenderlo, la dureza de ser una mujer sola y pobre. Allí soñé que algún día sería poderoso, convencido de que el poder consistía en no volver a pasar miedo. Allí amé por primera vez el cuerpo de Puri. Ella, con la inocencia intacta y el amor rebosándole por los ojos, dijo que había sido maravilloso. Yo descubrí, en cambio, que el deseo también puede estar lleno de torpeza. Allí lloré pérdidas que entonces me parecían el fin del mundo. Allí me rompí. Y allí mismo empecé, una y otra vez, a reconstruirme. Ahora leo las reseñas de los viajeros. Casi todas son generosas. Hablan de la limpieza, d...