DISFRACES
Empezamos con los disfraces más previsibles, los que compra todo el mundo cuando cree que está siendo original y que necesita poner un poquito de pimienta a la relación. Además... es cierto... al principio tampoco nos duraban mucho puestos. Después llegaron los de médico y enfermera; más tarde, maestra y alumno... ¡y cuanto aprendimos juntos! Una noche fuimos cocineros y descubrimos que la harina servía para mucho más que para hacer pan. También nos dio por jugar a pilotos y azafatas, y hasta nos atrevimos con obispo y monja, aunque aquello ya rozaba la blasfemia. Pensé que habíamos tocado techo cuando apareciste con los uniformes de guardias civiles. Lo preocupante no fue el disfraz. Fue el día que nos hicieron soplar en un control de alcoholemia y te sorprendí mirando al agente exactamente igual que me mirabas a mí cuando empezó todo.