ARQUITECTO DE LO IMPOSIBLE
Le he dicho que no tantas veces que ya he perdido la cuenta. Cada mañana vuelve con una idea distinta: un jardín donde florecen inviernos, una biblioteca que huele a lluvia, un balcón desde el que siempre se ve el mar. Lo dibuja todo con la obstinación de quien todavía cree que la belleza puede construirse y que existe un día perfecto para dejar volar la imaginación. Yo, en cambio, siempre encuentro un problema. Siempre hay un inconveniente, una distancia... un miedo que lo impide. Él sonríe, invencible al desaliento, recoge sus locas ideas y solo me pide una cosa: —No dejes nunca de soñar. Entonces comprendo que el afortunado es él. Tal vez jamás tenga la oportunidad de disfrutar esos momentos soñados pero mientras los imagina ya vive dentro de todos ellos.