LA CUIDADORA DEL VERSO
Hay noches en las que ella se despierta y me encuentra sentado junto a la ventana, con la mirada perdida y esperando algo que nadie más puede observar. Nunca pregunta qué hago. Sabe que estoy ausente buscando la esencia del espíritu. Algunos sobrevivimos pendientes de esas visitas invisibles. A veces llegan como un recuerdo que duele; otras, con la voz de alguien que ya no está... la mayoría de ocasiones con un manojo de palabras que exigen ser enfiladas antes de desaparecer para siempre. Ella se acerca en silencio, suele rodearme con una manta y apoya la cabeza en mi hombro. No dice nada. Solo me acompaña en la espera. Cuando, al fin, la primera frase cae sobre la página, sonríe como quien presencia un pequeño milagro cotidiano. Entonces comprende que los poemas nunca los escribe una sola persona. Siempre hay alguien que, sin pedir nada a cambio, cuida del humilde alfarero de las palabras errantes, para que nunca pierda el don de oír el leve murmul...