PODER
Desde niño le enseñaron que el mundo pertenecía a quien conquistara la cima. Creció derribando adversarios, comprando voluntades, sembrando miedo y llamando progreso a cada guerra que lo acercaba un poco más al poder. No fue un camino sencillo. Tardó décadas en lograrlo. Traicionó aliados, vendió conciencias, incendió países y convirtió cada victoria en el peldaño de la siguiente. Se repetía, una y otra vez, que la historia solo recuerda a quienes alcanzan la cumbre. Cuando ya no quedó nadie capaz de discutir su autoridad, cruzó un salón desierto y contempló el horizonte. Era el hombre más poderoso del planeta. Y también el último ser humano sobre la Tierra.