RECUPERANDO LA VIDA
Decían que había perdido la cordura pero no era cierto. Simplemente la vida se había vuelto mucho más divertida. Planté paraguas en el techo para que lloviera hacia arriba y los peces pudieran aprender a volar despacio entre las nubes amarillas y repletas de calor. La cocina se encendía para tocar partituras maravillosas y tuve que guardar las cucharas en orden alfabético para que no discutieran entre ellas por la mejor canción. Cada vez que alguien lloraba en el pasillo, aparecía una silla nueva con instrucciones contradictorias de montaje. Yo las seguía todas, porque era más fácil que pensar. Una noche el suelo se abrió como un libro mal encuadernado y de las grietas salieron trenes hechos de vidrio, preguntando por mi nombre en idiomas que aún no existen. Les respondí con silencio, que es lo único que siempre he hablado muy bien. Entonces el techo bajó un poco, como si quisiera escuchar mejor. Y en ese momento entendí que el universo no se había equivocado conmigo… si...