EL JARDÍN
Al principio solo fueron unas rosas. Unas rosas para dar color a esa esquina sombría que tanto le entristecía. Después llegaron las peonías, los tulipanes, las dalias, los lirios, las hortensias, las camelias...las magnolias. Llenó los parterres de hermosas amapolas, de infinitas azucenas, de orgullosos jacintos, de elegantes begoñas... Trajo orquídeas de países lejanos y especies nocturnas que solo abrían sus pétalos bajo la hechicera luna. Ya no cultivaba flores: las estudiaba, las aprendía, las memorizaba. Conocía la profundidad exacta de cada raíz, la humedad necesaria para cada bulbo, la enfermedad que podía esconderse bajo una hoja aparentemente sana. Pasaba horas agachado entre los tallos, arrancando con delicadeza cualquier flor marchita, cualquier planta que creciera torcida, cualquier brote que brotaba donde no debía. Luego comenzó a dormir en el jardín. Primero bajo un cenador. Después directamente sobre la tierra. Dejó de cuidar su aspecto, de r...