UN PROFESIONAL
Acabo de subir la persiana y no doy crédito a lo que veo. Los vecinos, inmóviles, contemplan el desfile de ánimas que cruza la avenida mientras los conductores detienen sus coches y, demasiado atónitos para gritar, apenas aciertan a pulsar algún claxon aislado. El cielo, teñido de un rojo imposible, se abre lentamente y de él descienden jóvenes alados con inmaculadas túnicas blancas, escoltando a un ser cuya luz obliga a entornar los ojos. Resuenan trompetas grandiosas, los querubines entonan cánticos y los profetas invitan a las almas a abandonar la Tierra. Un fuego ardiente surge de las entrañas de las alcantarillas y un humo asfixiante de azufre tiñe de niebla el paisaje. Incapaz de comprender lo que ocurre, vuelvo la vista hacia el médium que contraté para documentarme sobre una novela del Fin del Mundo y que aun semeja estar en trance en el salón de casa. Trago saliva, miro otra vez por la ventana y no puedo evitar sonreírle. Me habían dicho que este Medium cobra...