EL PAQUETE
El paquete llegó sin remitente, solo con una etiqueta escrita a mano: “Para cuando queráis cambiar de vida”. Dentro, cuidadosamente sellado, había un pequeño frasco con algo oscuro y denso que ninguno supo reconocer. Al principio bromeamos entre nosotros. Si faltaba mucho para el día de los inocentes; que si las tonterías del cuñado bobo; que si un amante secreto... Fue entonces cuando mi mamá recordó las historias de su tío, siempre metido en negocios raros, siempre prometiendo soluciones rápidas. “Dicen que basta con probarlo”, comentó, medio en broma. Nadie respondió, pero al final lo hicimos. No tenía sabor. O quizá los tenía todos. Esa misma semana empezaron a encajar todas las cosas: una llamada inesperada, una deuda que desaparece, una oportunidad que parecía imposible, un viaje de regalo; una subida de sueldo, un nuevo coche. Nos mirábamos sin decir nada, como si hablar pudiera romper el hechizo. Ayer llegó otro paquete. Esta vez más grande. Pero ya no venía sin ...