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CUMPLEAÑOS

 Aquella tarde decidí ponerme la camisa nueva. La de rayitas azules que tanto le gustaba a papá. Para eso me la trajo por sorpresa hace ahora dos meses. Además papá se había esmerado en la preparación de todos los detalles. Había hecho mi comida favorita y hasta había comprado una vela con el número doce.  Cuando llegó el momento de soplarla, se adelantó y apagó la llama él mismo.  Protesté, creyendo que quería gastarme una broma, pero en lugar de reírse se quedó inmóvil, con los ojos llenos de lágrimas. Fue entonces cuando intenté abrazarlo pero, de repente, se levantó y comenzó a servir la tarta dejando un plato vacío... justo el que estaba delante de mí.  Después sacó una fotografía mía del cajón del aparador, la acarició con la yema de los dedos y, con una sonrisa rota, susurró: —Hoy habrías cumplido doce años. Ojalá hubieras podido soplarlas tú.

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