QUÉ PÉRDIDA
Fue aquella época en la que creía que podía soñar con la grandeza. Fabulaba sobre hojas en blanco que se llenaban de apuradas frases que intentaban imitar la grandeza de Orwell o reflejar de forma atrevida las profundas dudas de Unamuno. Paseaba divertido entre los retazos de ideales caducos de Kafka o las ansias voluptuosas y siempre cercenadas de Camus. Y me sumergía en el tabaco y el alcohol creyendo que podría hacer literatura de la mano de Baroja. Eran años intensos y osados donde acabé comprendiendo todas mis enormes limitaciones. Ahora añoro aquellos momentos. Aquellos excesos nocturnos y aquellas ansias de cultura infinita. Especialmente cuando descubro -perdido en el sofá de mi salón viendo pasar la noche monótona, triste, sin wisky ni "maría"- a estos nuevos "influencers" que construyen discursos huecos con cuatro frases sin la más mínima coherencia argumental…y sin embargo llenan teatros, venden certezas y dictan criterio como si pe...