EL ROBLE
Cuando cortaron el gran roble del jardín lo lamenté profundamente. Era casi centenario. Hermoso. Fuerte. Majestuoso. Señorial. Lo divisaba imponente desde la ventana del salón. Siempre reclamando vida. Pero aquel terrible hongo obligó a su tala. Mandé dejar el tocón como recuerdo de lo que había sido. Y respetaron mi decisión aunque los jardineros habían insistido en que las raíces podían estar muy afectadas. Pero ese será mi problema. Ahora tendré que buscar otro sitio para enterrar los cuerpos que tenía allí, bajo tierra, escondidos. Quizás el nuevo olivo que está cerca de la piscina pueda ser un buen lugar.