DECIR
El estanco estaba casi vacío aquella tarde. Ella había entrado a hacer unas compras y esperaba su turno mirando distraídamente los carteles detrás del mostrador. Entonces oyó una voz a su espalda. —Perdona... ¿eres Laura? Se volvió. Frente a ella había un hombre de unos cuarenta años, con una expresión extraña, mezcla de nerviosismo y alegría. —Sí... —respondió, dudando. Él sonrió. —No te acordarás de mí. Y tenía razón. Ella lo observó durante unos segundos. Su cara le resultaba vagamente familiar, pero no lograba situarla. Le resultaba inadecuado negar la evidencia pero tuvo que admitirlo. —Lo siento, creo que no... —Compartimos instituto. Nunca fuimos amigos. Ni siquiera hablamos apenas. Pero coincidimos durante años en los mismos pasillos. Ella buscó en su memoria. Uniformes, clases, recreos, rostros que el tiempo había borrado. —¿Cómo te llamas? La pregunta pareció atravesarlo suavemente. —Miguel. Negó con la cabeza, mientras le miraba amablemente. —Lo sien...