DECONSTRUIDO
Mi psicólogo insiste en que debo deconstruirme para resurgir de mis cenizas. Dice que esos ademanes de hombre cuaternario ya no son válidos en la sociedad actual; que debo ser paciente, sosegado, conciliador, incluso mucho más femenino; que aprenda a respetar el espacio que cada cual reclama y a no confundir autoridad con violencia. Yo lo escucho, asiento y tomo notas. Sé que debo cambiar cosas. Que mis esquemas mentales son algo caducos. Tengo toda la intención de empezar a ser otro. Luego salgo de la consulta y me acerco a casa para llevar al conservatorio a mi hija... mi pequeña que acaba de cumplir dieciséis años. Y allí está el imbécil de su novio, con sus puñeteros tatuajes, el pelo de un color estrafalario, las rastas y esa palestina con la que parece llevar la revolución mundial enrollada al cuello. Y observo, angustiado, como la besa co mo si el aire hubiese desaparecido para siempre. Lo juro... No sé qué ocurre después. Solo recuerdo a mi...