EL ULTIMO RECUERDO
Todos quisimos llevarnos algo de él. Primero fue un mechón de pelo; después, su última camisa. Alguien reclamó las gafas que le daban aquella personalidad inconfundible. Hubo quien le cortó las uñas, quien arrancó un diente y quien, cegado por la devoción, exigió un trozo más. Cuando llegó el funeral, del líder apenas quedaban tres huesos y dos jirones de ropa. Nadie advirtió el engaño: para llenar el ataúd tuvimos que matar al último seguidor que solo quería llevarse un souvenir . Al final consiguió la gloria ansiada. Vestido con sus ropas y sus gafas, recibió los mismos aplausos que el original.