INFIEL
Cada mañana se prometía que ese sería el día. Se miraba al espejo con una determinación nueva, elegía la ropa con más cuidado, se sumergía en atrevidos aromas, ensayaba frases audaces que nunca decía. En la oficina, él le sonreía como si supiera algo, y ella respondía con ironía, con silencios largos, con miradas que se retiraban justo a tiempo. Mostraba ademanes distintos, prestancia en las decisiones, atrevimiento sugerente. Por la noche volvía a casa, besaba a su marido en la mejilla y pensaba que la valentía, como casi todo, debía entrenarse. Y que mañana sería otro día. A veces abría el mensaje que nunca enviaba, lo releía, lo corregía, lo cerraba. Lo imaginaba. Y finalmente, lo borraba. Cuando por fin reunió el suficiente valor para ser infiel, descubrió que ya no deseaba a ese compañero del trabajo por el que tanto había suspirado… solo deseaba convertirse en esa mujer seductora que fingía ser cada mañana .