LA REALIDAD
Acordaron no tomar decisiones esa noche. El cansancio y el peso del día les habían dejado la voz frágil, delicada, muda. En la sala, los relojes parecían marcar un tiempo que ya no les pertenecía y el espacio se difuminaba en una sensación indefinible. Cuando llegó su madre, nadie se levantó a saludarla. Caminó entre ellos como si atravesara un recuerdo ajeno y se detuvo frente al retrato en el que aparecía un señor con tres jóvenes. Ajustó el marco torcido con una delicadeza casi ceremonial. Unas lágrimas profundas huyeron de sus ojos agotados. Fue entonces cuando notaron que algo faltaba.... Fue, solo entonces, cuando entendieron la realidad... cuando se percataron verdaderamente que estaban muertos.