UN PEQUEÑO DEFECTO
Ella lo ansiaba con la obstinación silenciosa con la que se desean todas las cosas imposibles. Admiraba su inteligencia elegante y serena, la forma en que escuchaba sin interrumpir y al tiempo te convertía en protagonista absoluto de cualquier situación, sus manos firmes capaces de transmitir calma y sosiego, esa nobleza discreta que hacia sentir importante a cualquiera que estuviese cerca de él, pero sobre todo esa mirada prolongada y esclava que se rendía a tus ojos unos segundos más de la cuenta para regalarte infinita admiración. Además poseía una sonrisa capaz de desarmar cualquier enfado, una presencia cálida, una sensibilidad casi femenina y una disciplina que convertía cada proyecto en algo admirable. Él parecía reunir todas las virtudes que ella había imaginado alguna vez: atento sin ser empalagoso, fuerte sin necesidad de demostrarlo, atractivo sin esfuerzo y con esa mezcla peligrosa de madurez y ternura que convierte a ciertos hombres en un auténtico paraí...