EL RESULTADO
—Que no se te enfríe la tortilla —le dice, dejando el plato humeante frente al televisor—. Empieza ya el segundo tiempo. Y escucha como se cierra la puerta del cuarto de baño. Mientras, ella recoge la cocina, lava la sartén y pasa un paño por la encimera. Apaga la luz y va a la habitación. En el dormitorio se detiene un segundo. Abre el cajón de la mesilla y vuelve a cerrarlo. No toca el recibo del hotel que ha encontrado doblado entre sus camisas. Ahora no es el momento. Regresa al salón y se acomoda junto a él en el sofá, le pasa el plato con ternura y, mientras empieza el segundo tiempo del partido, calcula mentalmente si el matarratas será tan eficaz como promete el envase. .