TRES GOLPES EN LA VENTANA
Todas las noches, cuando el barrio por fin se duerme, alguien llama tres veces a mi ventana. Es Óscar. Por la mañana vuelve a ser el chico más temido del instituto: el que rompe narices, el que roba bocadillos y escupe amenazas, el que todos temen y el que no respeta ninguna norma. Pero en mi habitación se sienta en el suelo, abraza mi viejo oso de peluche y me pide, casi sin voz: —Cuéntame otra vez cómo termina el cuento… el de los niños que sí consiguen salvarse. Cuando acaba, espera a que se me cierren los ojos primero. Luego me arropa con mucho cuidado, me besa en la frente y regresa a la casa donde su padre todavía estará despierto para recordarle que su vida es una basura.