CONFUNDIDA
Nunca me mintió. Dijo que el mundo necesitaba orden, que él venía con esa obligación, y yo -admirada y apasionada con su discurso y con su elegancia- confundí eso con el amor. Empezamos compartiendo planes grandiosos y acabamos compartiendo un entorno que no recordaba haber elegido. Al principio fue una sensación leve, como si la luz cambiara de tono sin avisar. Pero pronto las paredes empezaron a susurrar, las plantas se arqueaban hacia él con un celo antinatural, y el aire se volvió pesado, pegajoso, con un murmullo que parecía brotar de todas las cosas. Fue entonces cuando descubrí las antenas… el tono verdoso de su piel... y comprendí que no había venido a amarme, sino a someterme como al resto del planeta. Así que lo dejé esa misma tarde, no por extraterrestre, sino porque resultó ser otro conquistador de esos que aunque sepan mucho de tecnología y de tantas otras cosas son incapaces de poner la lavadora y de no dejar en cualquier lado los calzonc...