LA VIDA EN EL ALMA
El sombrero del abuelo era negro y hermoso y siempre estaba colgado en el perchero de la entrada, ligeramente inclinado hacia la izquierda, como si pretendiese escuchar lo que se hablaba o mirarnos de soslayo para entender nuestros secretos. Era viejo, con el fieltro oscuro gastado, y con una cinta descolorida que olía a tabaco dulce y a lluvia antigua. Nadie lo tocaba. Nadie... excepto yo. El abuelo decía que los sombreros esconden muchos misterios... y que aprenden a mostrar lo que desean sus dueños. Yo creía que era otra de sus historias, de aquellos cuentos maravillosos que era capaz de relatarme cada tarde de invierno, cuando el viento frío nos encerraba durante jornadas. Otro de sus interminables relatos fantasiosos... hasta que una tarde, aprovechando la siesta silenciosa de la casa, me acerqué al perchero, descolgué el sombrero, mire su interior -oscuro y vacío- y me atreví a meter la mano dentro. Yo solo esperaba encontrar la tela, pero de pronto mis dedos notaron ...