DISTINTAS PREOCUPACIONES
Hoy ha venido a verme. Como hace todos los días, por la mañana, antes de irse al trabajo, y por la tarde, antes de volver a casa. Me ha sonreído y me ha contado cómo le ha ido la jornada. Yo solo tengo ojos para él. Me encanta escucharlo, dejarme envolver por esa voz tan suya, tan familiar, tan varonil. Pero hoy la conversación se ha alargado más de la cuenta. Parecía buscar las palabras adecuadas, como si le avergonzara lo que tenía que contarme. Incluso he tenido la impresión de que se guardaba algo. Al final, casi cuando ya se marchaba, me ha hablado de una compañera de trabajo con la que últimamente suele tomar café. Dice que se cuentan muchas cosas, que se entienden bien y que quizá vayan juntos al cine este fin de semana. Después se ha acercado a la cama, me ha besado y me ha apartado con delicadeza dos mechones de pelo que ...