NOELIA
Cada mañana llama suavemente a la puerta. Ella tarda un poco en responder, como si el mundo necesitara tiempo para volver a encenderse. Le ayuda a levantarse, a lavarse, le prepara el desayuno, escogiendo con precisión aquello que más le gusta. Mientras la observa comer, busca en sus ojos una chispa de reconocimiento. A veces aparece.... La mayoría de las veces, no. Cuando se despide, ya en el pasillo, siempre piensa lo mismo: mañana volveré… aunque quizá tenga que volver a presentarme. -Hola Noelia... soy yo... David... tu marido. Pero está seguro que volverá... No hay nada que él necesite más.