EL RITUAL
Todas llegábamos allí siendo niñas. Al principio añorábamos otra vida, aunque apenas la recordábamos. Con el tiempo dejábamos de tener nombre. Éramos un número, y aprendíamos a responder a él. Él casi nunca hablaba. Se limitaba a observarnos durante el día. Algunas noches se sentaba a nuestro lado para arroparnos y respirar el perfume que nos poníamos después de la ducha. Cuando una mañana aparecían manchas de sangre en unas sábanas, o en la ropa interior escondida bajo la cama, sonreía con una ternura extraña. Días después, aquella chica desaparecía. Siempre nos decía que, por fin, era libre. Todas acababan marchándose cuando aquello rojo nos llegaba Todas, menos la Número Siete. Ella nunca desapareció. Solo... que dejó definitivamente de sonreír.