RELAJARSE

A disfrutar la cerveza bien fría. En copa helada, como debe ser. Apoyado en la barra, sentado en el taburete que mira al sol de poniente. Solo me falta encender un cigarrillo para que el mundo encaje durante unos minutos... completamente relajado y entregado a los placeres mundanos.

¡Qué raro!

El encendedor siempre está dentro del paquete de tabaco. ¿Dónde lo habré dejado? Últimamente se me escapan demasiadas cosas. Nombres, fechas, gestos... pequeños agujeros en la memoria. Dice Andrés, el nuevo subalterno del trabajo, que se llaman olvidos seniles benignos y que mejoran con una vida más sosegada.

¿Usaría el encendedor para prender la gasolina que devoró el piso?

Puede ser. No lo recuerdo.

Tampoco recuerdo por qué salí antes de la oficina. Ni el nombre del compañero de trabajo de mi mujer al que conocí en Ikea y que hoy encontré desnudo en nuestra cama.

En fin... serán cosas de la edad. 

Le pediré fuego al camarero mientras sigo disfrutando de la cerveza bien fría y me tomo la vida con calma, que eso es fundamental para mejorar la memoria.

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