ABURRIDAS

 No entiendo por qué todos me consideran la mala.

He hablado muchas veces con el sapo y, la verdad, fue él quien quiso quedarse así. 

La cosecha perdida solo necesitaba un poco de descanso para mejorar el campo. 

Los niños que se extraviaron en el bosque volvieron sanos y salvos... aunque reconozco que tardé un poco en indicarles el camino.

Los murciélagos vienen a visitarme porque les encanta mi compañía. 

La manzana envenenada apenas provocó un sueño de unas horas y la herida de la rueca, bueno… solo fue un largo descanso, aunque tuvo un excelente despertar.

Reconozco que tengo mis pequeñas diabluras, pero deberían darme las gracias. 

Sin mí, sus historias serían terriblemente aburridas.

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