ANIVERSARIO

 Cada año, el mismo día, Julián celebraba su aniversario de bodas en Casa Vidal. Había convertido aquella costumbre en una cita ineludible.  

Ocupaba la misma mesa, pedía la misma botella de vino y aguardaba, impaciente, a que ella comenzara a hablar.  

Le encantaba escucharla, perderse en sus historias y, sobre todo, perderse en aquellos ojos oscuros cuya profundidad nunca había conseguido descifrar del todo.

Aquella noche no fue diferente. Ella le sonreía, le contaba cientos de cosas que él parecía escuchar por primera vez y brindaron afectuosamente por todos los años compartidos. Él volvió a sentirse joven. Joven y apasionado.

Hasta que el camarero dejó la cuenta sobre el mantel.

Fue entonces cuando Julian levantó la mirada. La silla de enfrente aparecía vacía. Desnuda. Silenciosa.

Durante unos segundos permaneció inmóvil, contemplando el único servicio que ocupaba la mesa. Después sacó lentamente la cartera, pagó y recogió su bastón y la vieja gabardina gris, ya gastada en los codos, que ella le había regalado por su setenta cumpleaños.

Afuera hacía frío. Era un otoño cruel. 

Regresó despacio, como cada año, a la casa donde llevaba ya siete diciembres aprendiendo a vivir sin ella.

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