LA PUERTA

 La puerta no aparecía en los mapas. No estaba señalada. No era fácilmente reconocible.

Surgía de pronto, encajada entre edificios, limpia, recién pintada, como si alguien la cuidara.

No tenía timbre ni cerradura, solo una ranura por donde introducir una tarjeta que nadie recordaba haber recibido.

Aseguraban que dentro todo se resolvía. Que no había preguntas, ni esperas, ni consecuencias. 

Solo cruzar y dejar atrás lo que pesaba demasiado... simplemente nadie regresaba. Nadie volvía.

Por eso seguíamos adelante cada día, acumulando errores, pérdidas, cansancio, palabras no dichas, sufrimiento, derrotas, lágrimas, sueños rotos y miserias. Porque la puerta estaba ahí.

Y sabíamos que, cuando ya no quedara nada que sostener, cuando ya no hubiese fuerzas para seguir, bastaría con empujarla y desaparecer hacia el lado oscuro del que nadie nunca regresaba.

Comentarios

Entradas populares