HIJO PRÓDIGO
El teléfono sonó poco antes de la cena. El tutor habló con gesto serio. Su hijo había organizado un fraude durante el examen final: había robado varios ejemplares, vendido las respuestas a varios compañeros, cobrado por adelantado y desaparecido antes de que descubrieran que eran falsas varias de las preguntas de las pruebas. La dirección estudiaba una sanción ejemplar.
—Entiendo la gravedad de lo ocurrido —respondió el padre con voz firme—. Le aseguro que hablaré con él esta misma noche. Tomaré las medidas necesarias para que no vuelva a repetirse. Y desde luego actuaré con ejemplaridad con él. Una acción así merece una respuesta a la misma altura.
El tutor colgó satisfecho de la respuesta del progenitor. Entendía la gravedad. Seguro que tomaría medidas.
Tras la llamada el padre permaneció unos segundos inmóvil.
Durante años había temido que el chico se descarriara.
Lo veía demasiado incapaz, demasiado escrupuloso, no cumplía sus expectativas.
Más de una vez había pensado que no era el hijo que esperaba.
Sonrió satisfecho. Abrió una botella de vino que tenía guardada, llenó una copa y la alzó en dirección al pasillo, donde su hijo acababa de entrar en casa.
—Sabía que tarde o temprano encontrarías tu camino.
Y mientras bebía un sorbo de aquel vino se fundió en un abrazo profundo con él.
Ser hijo de un estafador acaba marcando el carácter.
Comentarios
Publicar un comentario