VERDADES OCULTAS
Son esas cosas que uno nunca acaba de pensar con calma y sosiego. Decisiones que se toman en caliente, sin concederles un minuto a la reflexión.
Mamá había muerto hacía ya tres meses cuando uno de los apartamentos que tenía alquilados quedó vacío. Siempre había sido ella quien gestionaba aquellas propiedades, pero esta vez me tocaba a mí.
Sabía que guardaba una caja con todos los llaveros en su habitación. Encontré el correspondiente al piso y comprobé que, además de las llaves del apartamento y del garaje, había otra pequeña con una etiqueta: Trastero 17.
Revisé la vivienda, cerré la puerta y bajé al sótano. Me pudo la curiosidad.
Aquel trastero no guardaba muebles: era una habitación infantil perfectamente conservada, detenida treinta y ocho años en el tiempo. Sobre la cuna, una carpeta con mi nombre.Dentro encontré la fotografía de una niña abrazada por una pareja desconocida y una nota de mamá: «Ellos te dieron la vida. Yo te quise más… por eso fuiste mía.»
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