NO SOY YO

 Dicen que ya no soy yo.

Que el alzhéimer ha ido cerrando y apagando las habitaciones y las luces de mi memoria. Que no reconozco a nadie. Que grito, que insulto, que me defiendo de quienes, según ellos, solo quieren ayudarme. 

Dicen que veo enemigos donde solo hay cuidadores. 

Que vivo rodeado de extraños. 

Y a veces, para que no luche, para que no me haga daño, me atan las manos.

Quizá tengan razón. Quizás ya no sea yo.

Porque despierto en un mundo sin puertas conocidas. Cada rostro es una pregunta. Cada voz, una invasión. 

Me ha robado el tiempo ingrato el mapa de mi memoria y pretenden que no tenga miedo. Ese miedo al vacío y a lo desconocido.

Pero solo hay un milagro que la enfermedad no ha aprendido a destruir.

Una mano encuentra la mía. No necesito verla. Su caricia atraviesa la niebla donde ya no llegan las palabras. No sé pronunciar su nombre. Ni recordar el día en que la conocí. Ni las veces que nos prometimos un siempre. Ni la condición de almas gemelas.

Y, sin embargo, mi corazón la reconoce antes que mi cabeza.

Es ella.

Mi niña.

El único lugar que aún permanece cuando todo lo demás se ha derrumbado.

Entonces las correas dejan de apretar. El miedo retrocede. 
Y aunque el mundo sigue hecho pedazos ya no tengo la obligación de entenderlo. 

Basta con sentir su mano sobre la mía para recordar, sin recuerdos, que he amado, mucho, más que nadie... que he amado hasta el infinito... y que todavía creo que soy amado.

Es cierto que hay memorias que el cerebro pierde para siempre.

Pero no es menor real que hay amores, extraordinarios, que se niegan a marchar de tu alma... 

Y en ese momento... mágico y sublime... vuelvo, como si fuera un milagro, a ser yo.

Comentarios

Entradas populares