EL PAPÁ IDEAL

Ejemplar, impecable, atento, sonriente. 

El padre ideal. 

Pendiente de las citas de pediatría, de los bocadillos de la merienda, de la misa de doce los domingos. 

Nos arreglaba el abrigo antes de salir, nos besaba la frente delante de los vecinos y hablaba con esmerada educación en las reuniones del colegio. 

Siempre a nuestro lado. Siempre pendiente de todo y en todo momento.

Los martes y jueves piscina e inglés; los miércoles baile, y el viernes la hamburguesa en la cafetería de la esquina.

Cuando alguien nos preguntaba, sonreíamos igual que él: una sonrisa entrenada, perfecta, silenciosa. 

Pero cuando caía la tarde, al introducir la llave en la cerradura de casa, el aire se volvía espeso y las sombras crecían inmensas por las paredes.

Porque el ogro de los cuentos llegaba siempre cuando cerrábamos la puerta de casa.


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