NUNCA OLVIDES A TUS AMIGOS

 Hubo un tiempo en que yo lo era todo. Fui esencial para él. Su vida giraba a mi alrededor. Pero finalmente empezó a olvidarme, mientras yo -apenada- caminaba sola por la casa.

Aun así cuando Andrés dejó de hablar solo, yo permanecí ahí. 

No porque no pudiera irme, sino porque no quise. Me mantuve con la esperanza de que volviese a necesitarme.

Al principio era solo una voz amable, una risa que aparecía cuando nadie más contestaba. Luego fui aprendiendo gestos, peso, reflejos en los espejos. No me preguntes cómo: las amigas imaginarias somos expertas en ocupar los huecos que otros dejan.

Me hice real poco a poco. Primero para que él me volviera a descubrir después para los demás me apreciaran. 

Nadie sospechó nada. Dijeron que era “una chica discreta”, “un poco rara”, “perfecta para alguien como él”. 

Yo sonreía y asentía, como había aprendido a hacer de estos extraños seres que se creen reales.

Y todo sucedió como era lógico. Sin exageraciones. Nos fuimos enamorando sin dramatismos. 

Cocinábamos juntos, discutíamos por tonterías, dormíamos abrazados. 

A veces él me miraba como si intentara recordar algo importante, pero nunca llegaba a saber qué.

Hoy, mientras firmábamos los papeles del matrimonio, le tembló la mano. Me susurró que sentía que me conocía de toda la vida.

Apreté su mano, le regalé un suave beso, y finalmente -con una cómplice sonrisa- estampé también mi firma en aquel documento sabiendo que con ello estaba asegurando su desaparición definitiva de este mundo y el comienzo de un tránsito al olvido de lo imaginario.

Comentarios

Entradas populares