IMPRESCINDIBLE
Para volver a meterse en el ataúd no le hizo falta mucho esfuerzo.
Cuando había decidido salir estaba convencido de que todo sería distinto. Tantas veces se había repetido aquello de que nadie es imprescindible...
Lo sabía con certeza... pero también estaba seguro que había gente insustituible.
Pero era una decisión importante. Hubo un tiempo en que dudó que hacer. Lo pensó con calma.
Lo habían llorado mucho en el funeral y el entierro había sido multitudinario y de una épica emotividad. Incluso una tozuda gaviota se había posado sobre la caja de roble cuando iba a ser introducida en el nicho. "Una señal", llegaron a asegurar los más supersticiosos.
No les podía defraudar. Debía regresar. Y lo hizo.
El pueblo seguía igual. Las campanas, los charcos, el viento del mar colándose por las calles. Aquellos para los que creía que era imprescindible vivían de la misma forma; su hijo pequeño había dejado de tartamudear, y su mejor amigo -aquel que lloró más que nadie la noche de la tragedia- usaba su chaqueta favorita y le sonreía agradablemente a su mujer con una complicidad manifiesta.
“Le sienta bien la chaqueta”, pensó con cierta pena.
Por eso regresó a su lápida
Habían escrito “Siempre en nuestro recuerdo”.
Sonrió. Ni siquiera muertos somos originales, se dijo.
Y no le costó mucho regresar a la caja. Hoy, al menos, dormiría más tranquilo sabiendo que no hay nadie insustituible.
Comentarios
Publicar un comentario