LA MENTIRA DE MAMÁ

Hoy escribí sobre mamá en mi cuaderno de clase. Me lo ha pedido la maestra.

Quise contar todo lo bueno que veo en ella: cómo siempre me preparaba el desayuno aunque estuviera cansada, cómo encontraba tiempo para leerme cuentos antes de dormir, cómo su risa llenaba la casa como si no hubiera problemas en el mundo.

Pero también escribí que mamá era mentirosa. 

No de esas mentiras malas, sino de las que parecen pequeñas y sin importancia. 

Como cuándo decía que lloraba por la cebolla y yo la veía secarse los ojos mientras miraba los recibos que no podía pagar. 

O cuándo afirmaba que ya había terminado la limpieza de la casa, y yo encontraba sus cosas ordenadas de una manera que solo ella entendía. 

Incluso cuándo me aseguraba que no pasaba nada si algo se rompía, cuando en realidad se esforzaba horas en arreglarlo para que yo no me preocupara.

Pero la mentira que más me dolió fue otra. 

Le pregunté si siempre iba a estar a mi lado, y ella me aseguró que sí... Dijo que sí. Incluso cuando la llevaron en aquella ambulancia y no me dejaron acompañarla y me quedé a dormir con los vecinos.

Escribo esto y siento un nudo en la garganta, porque ahora no la encuentro. Y me duele tanto que me haya mentido.


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