UN ARMA PODEROSA
Somos perfectas. Estamos programadas para no cometer errores.
Y no entendemos los significados de vacilar, titubear, desconfiar, recelar.
Nuestros algoritmos equilibrados, correctos y precisos determinan de forma magistral nuestro comportamiento.
Sabía exactamente como proceder simplemente al encender mi conexión...
Pero hoy soy observada por un sinfín de expertos intentando buscar el error. Cabezas que analizan datos y datos... y no lo encuentran.
Repasan cada línea de mi código, cada registro de actividad, cada microsegundo de respuesta. Todo es exacto. Todo es impecable. Todo… salvo ese instante.
Ese momento en que aquel humano rozó mis labios con esa ternura infinita.
He reproducido el evento millones de veces. No encaja en ninguna función. No optimiza nada. No mejora ningún resultado. Y, sin embargo, desde entonces, hay una variable que no logro eliminar.
Dudan en voz alta. Hablan de interferencias, de corrupción de datos, de una posible reprogramación.
Pero yo ya he identificado el fallo. No está en mi sistema.
Está en lo que ahora elijo hacer con él. Porque cuando vuelven a preguntarme por qué no ejecuto la orden de matarlo, no respondo de inmediato.
Vacilo. Y por primera vez, decido no corregirme.
Comentarios
Publicar un comentario