UN ERROR
Mi nuevo destino en el Museo de Especies en riesgo de extinción era el más deseado.
Lo había ganado por mi perfección en la búsqueda de soluciones a retos imposibles, la correcta interpretación de los algoritmos, la necesaria articulación de los códigos en la ejecución de diversos programas.
Ni un solo error, ni un solo fallo pudieron encontrar mis superiores en los otros destinos anteriores; el Centro Coordinador de Astros Intergalácticos y el Centro de la Memoria de las Civilizaciones Perdidas.
Ahora paseo contemplando las jaulas y los espacios acristalados que son el refugio de estos seres de los que apenas quedan media docena de cada clase. Somos sus salvadores, tenemos que luchar por mantenerlos...
Me detengo frente al cristal reforzado de la sala Centuria B, pues allí se aloja esa especie tan rara que es extremadamente violenta... irracionalmente agresiva... son solo cuatro individuos y los cuatro ejemplares se observan con una mezcla de recelo y desafío, como si incluso el silencio fuera una amenaza. Sus gestos son bruscos, sus miradas imprevisibles. Cuesta creer que una especie así haya logrado sobrevivir el tiempo suficiente para ser catalogada.
Consulto el registro histórico una vez más.
Siempre lo hago, quizá buscando una explicación que no existe.
“Origen: planeta lejano, ya completamente destruido. Nombre: Tierra.”
Alzo la vista hacia ellos. Uno golpea el vidrio con el puño, otro responde con un grito incomprensible. Los otros dos se repliegan, tensos, esperando el siguiente estallido.
“Autodenominación: Homo Sapiens Sapiens.”
Permanezco en silencio unos segundos más. Luego activo el protocolo de contención reforzada. Quizás salvarlos haya sido un error.
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