SIN INSTRUCCIONES

Le regalaron el traje de superhéroe en aquella fiesta absurda que se habían empeñado en hacerle sus compañeros de oficina. Estaba envuelto en papel brillante y pensó que era una broma más como el cojín de pedos, aquella camiseta con una frase absurda y la pelota antiestrés.

Esa noche al llegar a casa se probó el traje entre risas, frente al espejo, imaginando aplausos de mentira. Fue entonces cuando saltó desde el sofá como un juego… y no cayó.

Durante unos segundos, el mundo se quedó abajo, pequeño, real. 

Cuando aterrizó en silencio, dejó de reír... Y la cara se le puso más sería cuando atravesó la pared del salón y penetró en el dormitorio. 

El regalo no traía instrucciones... pero ¿y si ahora tenía que salvar al puto mundo?

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