POR MAMÁ

 Me escondí donde nadie mira, contando los latidos para no hacer ruido. Afuera, las voces se rompían contra la tierra, llamándome como si aún pudiera responder. Prometí quedarme quieta, como en un juego sin final, porque mamá se había empeñado.

Desde que papá se había ido, ella no era la misma. Lloraba mucho, apenas comía y, en ocasiones, se olvidaba de las cosas.

Pero esa tarde habían venido los tíos con los primos. 

La comida fue algo triste, pero yo no iba a permitir que todo siguiese igual.

Aquel día, cuando le propuse a mamá jugar al escondite, me pareció que asomaba una sonrisa en su cara. La primera sonrisa en mucho tiempo. 

Me pareció que eso le iba a ayudar. Me dijo que me escondiera en aquella cueva que solo nosotras conocíamos. 

La cerró con piedras, para que nadie pudiese encontrarme.  

Supongo que deben de estar divirtiéndose. He dejado de escuchar sus gritos... 

Y estoy segura que ganará nuestro equipo. Mamá me dijo que no podía moverme y yo lo estoy cumpliendo.

 Aunque ya me duelen un poco los huesos, y aquí hace mucho frío y creo que se ha hecho de noche...


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