NECESIDAD
Nadie quiso probar lo que había preparado. Ni su pareja, ni el otro chico que estaba sentado a su lado; ambos desviaron la mirada con una mezcla de recelo, asco y cansancio.
Tal vez- pensó, reflexionando sobre esa actitud- si lo explicaba mejor, si cuidaba los detalles, cambiarían de opinión.
Cortó con paciencia la carne, ordenó cada trozo con una precisión casi obsesiva y acercó el fuego lo justo para transformar el olor en algo reconocible, casi acogedor.
El chisporroteo llenó el silencio incómodo.
Cuando lo colocó sobre aquella base de metal, sintió por un momento que todo podía arreglarse con ese gesto sencillo.
—No es lo que parece —dijo, intentando sonreír.
Nadie respondió.
Entonces dejó el plato en el centro, se sentó despacio y, mientras miraba los restos del avión estrellado y los diez cadáveres que se amontonaban alrededor del destrozado fuselaje, empezó a comer. Había que sobrevivir.
Comentarios
Publicar un comentario