UN PEQUEÑO DEFECTO
Ella lo ansiaba con la obstinación silenciosa con la que se desean todas las cosas imposibles.
Admiraba su inteligencia elegante y serena, la forma en que escuchaba sin interrumpir y al tiempo te convertía en protagonista absoluto de cualquier situación, sus manos firmes capaces de transmitir calma y sosiego, esa nobleza discreta que hacia sentir importante a cualquiera que estuviese cerca de él, pero sobre todo esa mirada prolongada y esclava que se rendía a tus ojos unos segundos más de la cuenta para regalarte infinita admiración. Además poseía una sonrisa capaz de desarmar cualquier enfado, una presencia cálida, una sensibilidad casi femenina y una disciplina que convertía cada proyecto en algo admirable.
Él parecía reunir todas las virtudes que ella había imaginado alguna vez: atento sin ser empalagoso, fuerte sin necesidad de demostrarlo, atractivo sin esfuerzo y con esa mezcla peligrosa de madurez y ternura que convierte a ciertos hombres en un auténtico paraíso emocional donde todas queremos refugiarnos. A su lado, incluso el silencio, el más absoluto silencio, parecía tener sentido.
Y sí... parecía hecho para ella... justo para ella, que es perfecta...
Pero siempre hay un pero... y en aquella perfección varonil debía existir algún defecto. Uno pequeño, insignificante, casi una tontería sin importancia, pero un defecto que lo desechaba completamente, una imperfección que lo anulaba, una tara que lo hacía inadecuado: y es que el muy bobo no supo tener paciencia en el tiempo... y no la había esperado para escogerla como su pareja. Qué detalle tan mal gestionado por él y por el insulso destino.
Seguro que se arrepentirá toda la vida....
....y ella?
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