SOLA
He cruzado calles moldeadas de polvo ensangrentado y gritos infinitos, dormido entre mantas húmedas y escombros y aprendido finalmente que las sirenas siempre llegan unos segundos antes de que el cielo se rompa en mil pedazos.
Pero en todos esos instantes ella nunca dejó de llevarme en brazos. Cuando tenía miedo, mucho miedo, me apretaba tan fuerte contra su pecho que yo también creía estar a salvo.
Hoy los restos del edificio que nos cobijaba en sus sótanos se desplomaron sobre nosotras.
Llevo horas esperando a que vuelva a levantarse, pero sus brazos ya no responden, y tiene una extraña mueca que le deforma la cara. No sé quién me recogerá ahora ni a quien podré consolar
Solo soy una muñeca y ya no quedan niñas en Palestina...
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