MIRADAS PÉRDIDAS

  -Mamá, ¿por qué papá ya no me mira?

Ella siguió doblando mi ropa, sin levantar la cabeza.

-Está cansado, cariño.

Luego cerró los armarios y se acercó a papá para preguntarle si quería acompañarla. Él negó lentamente, con la cabeza hundida entre los hombros.

Yo nunca seguía a mamá cuando salía de casa, pero aquel día no quería quedarme  en casa con papá. Se le notaba tan triste que me daba miedo verlo.

La seguí hasta el cementerio. Pensé que visitaría a los abuelos, como tantas otras veces.

Pero se detuvo ante una tumba diferente.

Se arrodilló, limpió la lápida con la manga y comenzó a llorar.

Me acerqué para consolarla.

Entonces leí mi nombre grabado en la piedra.

Debajo, una fecha... La del día en que papá dejó de mirarme.

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