AMULETOS
No lo entiendo. Estoy sentado frente a estos dos orangutanes que amenazan con descuartizarme y mientras el dueño del Casino me sitúa un papel delante de mis ojos que debo obligatoriamente firmar. Entiendo que en cuanto cubra con la pluma aquel espacio en blanco habré perdido todas las propiedades de mi familia. Y no puedo comprender exactamente que desgraciado azar se ha cruzado en mi camino. No puedo comprenderlo.
Todo había comenzando perfectamente. Había apostado a rojo durante tres ocasiones seguidas y en las tres había acertado. Me había asegurado que en mi bolsillo estuviese la castaña de indias, el ajo macho, la pata de conejo, el trébol de cuatro hojas, la bellota y el pequeño elefante de trompa erguida que siempre me acompañan. En mi muñeca derecha colgaban un ojo turco y una cruz de Caravaca. Era imposible que las cosas no fueran como correspondía.
De la ruleta salté al Blackjack... y la fortuna me sonreía... y de ahí a los dados... un fenómeno.
La noche era alegre y festiva. No entiendo que pudo pasar.
Solo recuerdo que cuando llegué al póker, ella tenía una cara muy triste.. Se veía que en cada jugada perdía parte de su belleza. Solo la mire, la invité a una copa y le regalé el colgante con la Mano de Fátima que siempre llevo conmigo pero que sé que no es un verdadero amuleto.
Es de hojalata barata y me lo regaló mi padrino... aquel tan hombre tan rico pero tan agarrado con el que papá se enfadó cuando yo aun era un chiquillo y al que no he vuelto a ver desde que acabé Primaria.
Después de varias jugadas ella recuperó lo perdido y entonces se marchó despidiéndose de mi con un dulce beso en la mejilla. Estaba claro que era mi noche de triunfos.
Y no sé que amuleto puede haber fallado... pero ahora me encuentro aquí, en este despacho, y... completamente arruinado. Pero busco en mis bolsillos y en mi muñeca y está conmigo todo lo que me aseguraba la fortuna.
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