EN PAZ
Yo solo quería regresar al ataúd. Ese era mi lugar.
Había cumplido con lo que tocaba. Había vivido mis noventa años; amado a las mujeres que me quisieron, e incluso a aquellas que no me quisieron; trabajado y cotizado cuarenta y tres años para ganarme sobradamente mi pensión; viajado con el Imserso a Benidor y bailado "los Pajaritos"; y disfrutado del fútbol en tardes de pasión blanquiazul y chupitos de licor café.
Por eso cuando me enterraron no tenía pensado romper con la norma.
Pero esa puñetera manía de los jóvenes de joder la marrana. Coño...
Es el tercer sábado que se repite lo mismo. Cae la noche, gatos negros aullando y mientras realizan extraños rituales con extrañas oraciones y lamentos al tiempo que le cortan las cabezas a los animales sacrificados y encienden velas invocando a los espíritus...
Coño... el tercer sábado seguido.
Y naturalmente no me ha quedado más remedio que salir. Dos han salido huyendo despavoridos, uno se ha orinado y se encuentra mudo y callado, con el pelo completamente blanco, frente al pasillo de las tumbas de poniente y el cuarto está desmayado a mis pies...
Y yo solo quiero regresar a mi ataúd y que me dejen descansar en paz.
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