HISTÉRICA COMO SU MADRE
Voy a insistir en cuidarla. En mimarla. En llamarla "mi niña".
Lo haré una y mil veces. Se lo juré.
Le dije que la cuidaría toda su vida. Lo prometí ante al altar y ante Dios en aquella hermosa tarde de agosto cuando el sol apretaba y la brisa parecía tener miedo de ser sometida bajo la tiranía del calor.
Intentaré, en cualquier caso, ser más cuidadoso. Prevenirla. Anticiparle lo que va a suceder.
Pero no puede ponerse como una loca y renegar del pacto sagrado que tenemos.
Entiendo que el mes pasado, cuando vino a traer las flores y a limpiar la lápida, se pudo asustar.
Comprendo que no contaba conmigo... y más después de que aquel autobús me aplastara el cráneo en el paso de peatón del Forum Metropolitano a la salida de la presentación de aquel libro de poemas.
Sé que eso le pudo inquietar. Pero ahora, desde aquel día en el que se asustó y gritó sobresaltada en el cementerio, ya llevo visitándola todos los sábados por la noche.
Y no hay motivo para tanta agitación... que se lo repito... con dulzura... que vengo a cuidarla... que sigue siendo mi niña... que no debe ponerse histérica... que eso era muy típico de su madre y no de ella...
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