TRAGEDIA
Le habían asegurado que lo del Vudú era muy poderoso pero muy imprevisible. Se lo habían advertido. Pero él lo necesitaba. Le había negado el aumento de sueldo, lo había humillado públicamente, lo había relegado a la escoria de la empresa. El odio se le acumulaba.
Así comenzó todo. Una imagen.. Una consulta. Un aviso.
Jorge recortaba la foto de su jefe con obsesión enfermiza. Piernas, brazos, torso… cada tijeretazo desataba accidentes reales: caídas, cortes, golpes. El aire de la oficina se volvía espeso, como si la tinta y la sangre se mezclaran en un olor punzante que le llenaba la garganta.
Solo quedaba la cabeza. Sus manos temblaban, la tijera se agitaba como las ramas en invierno... viva, ansiosa, cruel, anticipando la tragedia. Se inclinó sobre la foto y un zumbido lo atravesó; no era su pulso, era otro latido, lento y constante, que parecía provenir de la foto misma.
Cortó. Un sonido húmedo reverberó en la habitación, y la cabeza de la foto se retorció bajo la luz.
Jorge se miró al espejo: sus propios ojos estaban abiertos, fijos, su frente rajada y las tijeras aún clavadas, como si la violencia que había provocado lo hubiera reclamado… y no pensara ya soltarlo nunca más.
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