QUÉ PÉRDIDA
Fue aquella época en la que creía que podía soñar con la grandeza.
Fabulaba sobre hojas en blanco que se llenaban de apuradas frases que intentaban imitar la grandeza de Orwell o reflejar de forma atrevida las profundas dudas de Unamuno.
Paseaba divertido entre los retazos de ideales caducos de Kafka o las ansias voluptuosas y siempre cercenadas de Camus.
Y me sumergía en el tabaco y el alcohol creyendo que podría hacer literatura de la mano de Baroja.
Eran años intensos y osados donde acabé comprendiendo todas mis enormes limitaciones.
Ahora añoro aquellos momentos. Aquellos excesos nocturnos y aquellas ansias de cultura infinita.
Especialmente cuando descubro -perdido en el sofá de mi salón viendo pasar la noche monótona, triste, sin wisky ni "maría"- a estos nuevos "influencers" que construyen discursos huecos con cuatro frases sin la más mínima coherencia argumental…y sin embargo llenan teatros, venden certezas y dictan criterio como si pensar fuese un accesorio de temporada.
Aparecen en mi pantalla con esa seguridad que nunca tuvieron mis dudas. Hablan rápido, simplifican más, sonríen siempre. Todo cabe en treinta segundos: la política, el amor, la historia, la vida. Todo cabe... menos la complejidad.
Recuerdo entonces mis noches torpes, mis lecturas mal digeridas, mis intentos fallidos por entender a otros antes de atreverme a decir algo propio. Recuerdo el peso de no saber. Y me pregunto en qué momento dejamos de considerar eso un punto de partida. Porque ahora el mérito parece ser otro: no haber leído, no haber dudado, no haber callado nunca. Convertir la ignorancia en estilo, la ocurrencia en doctrina, el vacío en espectáculo.
Durante un instante, el silencio de mi reflexión me conforta... Pero dura poco.
Alguien vuelve a vociferar en la pantalla. Y otro, atrevido, cita a Sartre para justificarse. Mal, por supuesto. Pero da igual: tiene millones de seguidores.
Y entonces lo entiendo. No es que yo no llegara a ser aprendiz de escritor.
Es que ahora, para triunfar, lo verdaderamente importante… es no haberlo intentado nunca.
¡Cuántos literatos perdió la Humanidad!
Comentarios
Publicar un comentario