MARCHAR
Me ignoran completamente.
Mi hermano ha dejado de invitarme a jugar a la play un día cualquiera, sin discusión, como si me hubiera reemplazado por un silencio cómodo. Mi padre ha empezado a marcharse los domingos más temprano, con la bufanda del fútbol, sin girarse siquiera a preguntar si yo quería ir. Mi madre, más callada que nunca, ya no me hace sus típicas preguntas simples, ni siquiera la de siempre: “¿qué quieres cenar?”.
Me ignoran y cada día más. Todo comenzó el día en que aquel autobús me llevó por delante cuando cruce la carretera para coger el balón con el semáforo en rojo.
Pero recuerdo que en aquellas fechas aun susurraban mi nombre y miraban mis fotos.... pero ahora, me están ignorando.... Creo que no me quedará más remedio que marcharme definitivamente.
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