APOYO SILENCIOSO

 Mi hija decía que tenía miedo de todo.

Miedo al teléfono, a las reuniones, a los mensajes sin responder, a las noches demasiado silenciosas. 
Mi marido y yo pasamos años sentados al otro lado de puertas cerradas, acompañándola sin saber cómo entrar... sin saber que decir... sin saber como reconstruir lo que se derrumbaba cada día.

Celebrábamos cada pequeña victoria: una salida, una llamada, una sonrisa... un abrazo solemne... un día de entusiasmo.

Muchas veces, muchísimas, pensábamos que no estábamos haciendo suficiente.

Ayer cumplió treinta años... ayer... y nos entregó una caja.

Dentro había cientos de notas fechadas durante mucho tiempo.

En cada una había escrito lo mismo:

"Hoy no me rendí porque sabía que, al volver a casa, vosotros siempre seguiríais allí.

Comentarios

Entradas populares