PERDIDOS

 La tormenta había durado semanas. Cuando por fin apareció el sol, el abuelo reunió a toda la familia y señaló el único árbol que seguía en pie en medio del valle.

—Mañana nos dará lo que necesitamos para sobrevivir.

Esa noche nadie durmió. Imaginamos frutos, madera, quizá agua escondida entre sus raíces.

Al amanecer corrimos hacia él.

No tenía hojas, ni frutos, ni savia.

Colgando de una rama estaba la llave de nuestra casa.

Y entonces recordamos que nunca habíamos estado perdidos. 

Solo habíamos olvidado quiénes éramos.

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