EL VALOR DE LA VIDA

Hoy compareció ante las cámaras para defender la vida.

Habló con una firmeza impecable, sin una sola vacilación. Condenó el aborto, rechazó la eutanasia y proclamó que toda existencia posee una dignidad inviolable. Evocó la protección del más vulnerable, el peligro de relativizar el valor de la existencia humana y la perniciosa y pendiente moral por la que, según él, se despeñan las sociedades que olvidan esos principios.

Los aplausos llenaron la sala. 

Él sonrió satisfecho. 

Después entró en su despacho del Ministerio, cerró la puerta y firmó las órdenes de venta de misiles y drones a países donde parte de su población sería diezmada y reducida a infinitas cifras de desaparecidos, montañas de escombros y nombres anónimos en fosas comunes.


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