BUSCANDO UN FIN

Aquel entomólogo siempre fue un amante apasionado de las arañas. Las estudiaba, las criaba y hablaba de ellas como quien habla de viejos amigos. Decía que eran criaturas incomprendidas, incapaces de traicionar. Fieles... muy fieles.

Cuando sus padres murieron mientras dormían, con dos pequeñas marcas violáceas en el cuello, la policía habló de un accidente exótico. Años después, sus suegros aparecieron del mismo modo en su casa de campo. Y finalmente, su esposa fallecida, fue encontrada desnuda en la bañera con una viuda negra caminándole por el hombro.

Cada muerte dejó una herencia inmensa. Cada herencia terminó invertida en nuevos terrarios, nuevas especies, nuevos venenos.

Los vecinos dejaron de visitarlo. Algunos juraban ver cajas moviéndose solas detrás de las ventanas de su laboratorio.

Una noche, durante una entrevista, un periodista le preguntó si no temía acabar igual que su familia. El sonrió mientras una diminuta araña peluda descendía lentamente desde la manga gris del periodista.

—No —susurró, observando atento lo que iba a suceder—. El veneno nunca es la finalidad… en cierto modo es para mí. Necesito aprender cuánto dolor puede soportar una persona antes de dejar de sentir culpa.

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