IRONÍAS
Llevo todo el día sorteando las corrientes de aire que se empeñan en rodearla. Tiene un extraño perfume a jazmín que me gusta y me hechiza. Procuro no molestarla más de la cuenta, aunque he notado que, en ocasiones, mi presencia no es precisamente de su agrado. Poco a poco, sin embargo, he ido ganando confianza y terreno. Es, al fin y al cabo, el arte que poseo.
Está atardeciendo. Ella se ha quedado dormida y yo he aprovechado para contemplarla en silencio, mientras curioseo el libro que sostiene entre las manos. Es un diccionario ilustrado de antiguos términos del castellano. Qué criatura tan singular.
Es el momento perfecto del día. La luz dorada se posa sobre su rostro, el aire apenas se mueve y, por un instante, todo parece en calma.
Hasta que alguien decide lanzarse de golpe a la piscina.
El estruendo la despierta. Ella da un respingo y cierra el libro de golpe.
No tengo tiempo de reaccionar. Me ha aplastado.
Cuando todo vuelve a quedar en silencio, mi mundo se ha reducido a una página, una mancha y un término: Mierda. Sustantivo proveniente del latín merda, con significado de excremento. Según los libros de historia de la lengua, el término se documenta en castellano a finales del siglo XV.
Qué irónico y triste final para mi vida de mosca.
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