UN POETA
Había conocido a hombres de todas las clases: elegantes que vestían el silencio como un traje a medida; obscenos capaces de incendiar una habitación; refinados que citaban a grandes pensadores e intelectuales; groseros que confundían el deseo con la prisa; atrevidos, sensuales, inolvidables...
Creyó haberlos conocido a todos.
Absolutamente a todos... hasta que llegó él.
Cuando ella se desnudó, no encontró hambre en sus ojos, sino admiración. Sus manos no tenían prisa: parecía un escultor aprendiendo de la arcilla el secreto de la belleza. Le susurraba metáforas en lugar de promesas, y cada palabra encendía en ella un suspiro distinto.
Ya de madrugada, cuando la noche casi moría y el ansia había volado, lo descubrió escribiendo.
No hablaba de su cuerpo, sino de la luz que parecía inventarlo. Iba enlazando adjetivos tan precisos, tan hermosos, que ella sintió que jamás nadie la había mirado de una forma tan profundamente desnuda y con tanta hermosura.
Entonces comprendió que había conocido a grandes amantes, pero solo un poeta era capaz de hacer el amor incluso cuando la abrazaba con las palabras. Y deseó que, desde aquella noche, la vida no volviera a sorprenderla sin un poeta a su lado.
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