NECESIDAD

 El médico fue claro y rotundo, sin ambages ni medias tintas: o conseguíamos un donante compatible o mi hija apenas viviría unos meses.

Puse a la venta el velero, la finca y la colección de relojes heredada de mi padre. 

El dinero nunca ha sido una preocupación y menos en esta situación. 

Y en la vida hay que determinar las preferencias; y el amor por los que uno adora es la principal razón de existir.

Después empecé a llamar a los mejores cirujanos. 

Algunos rechazaron siquiera escuchar mi propuesta. Otros colgaron al instante. 

Pero siempre hay quien, por la cantidad adecuada, acepta no hacer demasiadas preguntas.

Arreglada esa cuestión solo me quedaba convencer a mi hermano... No para que donara un órgano.

Sino para que me dejara llevar a mi sobrino a aquella excursión al monte y al tour de escalada que tanto le ilusionaba como regalo de cumpleaños.

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