RESACA

La vida siempre se inclina por pequeñas decisiones.

La invitación al cumpleaños no la puede olvidar: papel sencillo, la letra elegante e inclinada, y una cariñosa sonrisa dibujada que entonces no supo leer. 

La noche anterior había sido épica. “Solo una más”, se dijo cuando el camarero ya estaba recogiendo vasos y mientras sonaba  "Highway to Hell" de AC/DC. Y aquella última copa —siempre generosa y malditamente traicionera— le dejó la cabeza como un tambor y la voluntad hecha añicos.

A la tarde siguiente miró el reloj, observó el mensaje de recordatorio, comprobó su reflejo pálido en el espejo y el atronador zumbido de su cabeza… y decidió que no estaba para fiestas. Que ya habría otras. Que nada era tan importante.

Cuentan que ella esperó cerca de la puerta más de lo razonable. Se rió cuando llegó su mejor amigo y le explicó la complicada noche anterior. Luego brindaron. Soplaron las velas. Y algo cambió de sitio.

Meses después empezaron a salir. Años después... formaron un matrimonio.

Ahora, cuando coinciden en barbacoas y ella le sonríe con una calma aprendida, él levanta su vaso de agua con hielo y piensa que, de todas las resacas de su vida, la única que aun sigue sufriendo es la de aquel último gin-tonic mientras sonaba AC/DC.

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