CUIDADO CON LO QUE ELIGES
Desde que lo enterraron, Clara duerme con la luz encendida. No por miedo a la oscuridad, sino por los ruidos: pasos suaves en el pasillo, la silla que cruje en la cocina, el armario que se abre apenas lo justo para respirar, la bisagra rígida del mueblecito del salón.
Al principio creyó que era el duelo, la mente empeñada en no dejar escapar los recuerdos. Pero una mañana encontró la cama deshecha del lado que él ocupaba. Y la noche siguiente, al cerrar los ojos, sintió el peso hundiendo el colchón a su espalda.
No se atrevió a moverse.
—No te preocupes —susurró una voz junto a su oído—. La muerte no cambia las promesas. Prometí que siempre estaría a tu lado
Y Clara, angustiada, maldice la hora en que admiró tanta virtud en un hombre. Un hombre fiel, responsable, serio, comprometido... Un hombre honesto, empeñado en cumplir siempre su palabra.
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