UNA NOCHE TRANQUILA
La chaqueta no es mía. Lo sé por el olor, por el peso, por los bolsillos vacíos que yo siempre lleno de pequeñas notas. La encuentro al abrir el armario, entre mis camisas alineadas como testigos mudos.
La chaqueta no es mía. Lo sé por el olor, por el peso, por los bolsillos vacíos que yo siempre lleno de pequeñas notas. La encuentro al abrir el armario, entre mis camisas alineadas como testigos mudos.
En la casa todo parece normal: la televisión baja, la luz cálida, su voz preguntando algo trivial desde el salón.
Pero hay un desorden que no encaja, una pausa demasiado larga, un silencio que respira.
Podría revisar cada rincón. Podría hacer preguntas. Podría fingir que no he visto nada. Incluso podría cerrar la puerta del vestidor donde se esconde desnudo el nuevo y atlético vecino del cuarto, el que se ha mudado hace apenas dos semanas.
Ha sido un día muy largo, muchísimo trabajo, y no estamos para escándalos. Vamos a disfrutar de la cena.
En consecuencia, sacaré la basura, contaré hasta cien en el rellano… y cuando vuelva podremos ver la serie que tanto nos gusta sin preocuparnos de extraños.
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