PERTENECER

Desde que ellos llegaron, el silencio monótono que antes todo lo invadía se rompió definitivamente. No voy a negar que al principio aquello me alteró. Pero con el tiempo he aprendido a vivir con la familia como si fuese una nueva oportunidad que te concede el destino para integrarte en la sociedad. Primero aprendí a seguir sus pasos como si fuese un simple juego, luego fui copiando sus gestos e imitándolos cuando nadie podía verme.

Yo creo que la primera que se ha dado cuenta ha sido la hermana pequeña. He apreciado que cuando estoy cerca, sonríe sin motivo aparente, y cuando esta sola en la habitación lanza secretos al aire para que yo los escuche. Su hermano, en ocasiones, le riñe por sus "manías": no entiende que deje un espacio en la mesa cuando se sientan a cenar y mucho menos ese tozudo comportamiento de hablar en voz baja antes de dormir.

Pero hoy he notado que algo iba mal. La madre ha gritado muchísimo cuando le pareció adivinar mi reflejo en el espejo del aparador. Ha subido corriendo a abrazar a los niños y luego han avisado a la policía, que estuvo toda la tarde intentando demostrar que la casa estaba vacía y que no había ningún extraño en ella.

Tendré que tener más cuidado de ahora en adelante. Yo nunca he querido asustarlos. Solo necesitaba recordar lo que era pertenecer.


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