SIEMPRE PRESENTE

 La caja llevaba años escondida en el fondo de un armario. Mi abuela nunca me permitió tocarla.

—Son recuerdos tristes —decía siempre.

Cuando murió, la encontré mientras vaciaba la casa.

Dentro había decenas de cartas, cuidadosamente ordenadas por fecha. Todas estaban firmadas por mi abuelo quien había emigrado a Argentina siendo joven y nunca había regresado.

Las leí durante horas.

En cada una prometía volver pronto. En cada una pedía paciencia. En cada una explicaba por qué retrasaba su regreso un poco más. En cada una le recordaba a la abuela que siempre sería especial... una mujer especial.

Entonces, al final de todo el montón, hallé un sobre distinto.

Contenía una partida de defunción.

Cual sería mi sorpresa al leerla... él había muerto tres semanas después de marcharse y llegar a San Carlos de Bariloche.

Pero las cartas habían seguido llegando durante treinta años.

Treinta años de misivas... Todos los meses. 

Y entonces me fije.... todas estaban escritas con la misma letra... la letra que yo podía reconocer... mi abuela no podría renunciar a ser una viuda más abandonada.

Comentarios

Entradas populares