ANÉCDOTAS

Desde la toalla los observo construir un castillo de arena. Él ríe con una entrega que años atrás habría creído imposible; el niño lo imita convencido de que ningún muro puede derrumbarse mientras papá esté allí.

Ellos me miran y me devuelven una generosa sonrisa. Somos felices... Una familia...

Y pensar que todo estuvo a punto de estropearse cuando él quiso marcharse con aquella compañera de trabajo. Aquella niñata que acababa de romper con su novio y solo tenía ojos para él. Aquella que hizo temblar todo lo que estábamos comenzando a construir.

Menos mal que llegó el embarazo. Y con él, la responsabilidad. Fue en ese momento, cuando le anuncié que iba a ser padre, cuando comprendió que una mujer y un hijo no se abandonan. 

Desde entonces fue otro. Mucho mejor. 

Más presente. Más real. Pensando sólo en lo verdaderamente importante.

Vuelvo a sonreírles mientras saltan las olas juntos de la mano.

El ya no tiene más ojos que para su hijo y para mí. Ha reflexionado. 

Al fin y al cabo, lo importante es esto: su familia. Lo demás fueron simples anécdotas.... lo de esa chica, una simple aventura en la que creyó encontrar su alma gemela... pero solo fue una anécdota.

Como aquellas mañanas apasionadas con mi vecino cuando más sola me encontraba, verdadero responsable de otro secreto anecdótico;  nuestro niño, al que mi marido ama por encima de todo, nunca ha sido realmente suyo.

Son sólo anécdotas que no empañan lo importante; ahora formamos una familia.

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