VENGANZA
Llevo así bastante tiempo. Quieta, inmóvil, callada.
El vestido siempre arrugado y manchado.
Solitaria, como ausente.
Hasta he perdido el decoro y me muestro tumbada sin pudor ninguno, sin bragas y aburrida, sobre aquel viejo sillón junto a la ventana.
Ya no soy más que un recuerdo y, ajena a los rayos del sol que abrasan mi cara, solo espero que el tiempo escriba su crónica monótona.
Pero esta noche todo cambiará.
Cuando la luna ilumine la habitación y tú duermas, apareceré a tu lado, con sigilo, para recordarte que solo las niñas malas olvidan para siempre a sus muñecas.
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