RECORTES
El ministro exige austeridad.
Nos han quitado el café, el aire acondicionado y hasta las grapas.
Dice que todos debemos arrimar el hombro.
Asiento en silencio mientras corrijo el decreto por última vez.
Nadie repara en las pequeñas modificaciones de última hora.
Una partida desaparece, otra cambia de destino y los asesores personales dejan de existir sobre el papel. Especialmente una.
Mañana, cuando la querida del ministro aparezca en todos los informativos enseñando las fotografías íntimas del hotel de Montecarlo que él ya no puede permitirse pagarle con una partida de gastos sin justificar comprenderá que los recortes, en ocasiones, no empiezan por los demás.
A veces empiezan por quien cree estar a salvo.
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