RECURSOS HUMANOS

Abro la carpeta de currículos nuevos presentados para el puesto de gerente. 

Algunos son completamente anodinos; la mayoría hechos por la inteligencia artificial... 

Todos repiten los mismos datos; la formación específica, la experiencia laboral, la completa disponibilidad, la gestión en proyectos innovadores, la capacidad de trabajo en equipo, el liderazgo necesario para gestionar grupos humanos... 

Nada hay en ninguno de ellos que me llame la atención... hasta que descubro su imagen y esa frase final que me impacta; la vida comienza al final de la zona de confort...

Vuelvo a mirar la fotografía. Esa mirada alegre y profunda. Esa sonrisa confiada de una joven que todavía cree que el esfuerzo todo lo compensa.

Sin duda, será la candidata.

No porque sea la mejor. Ni porque su currículum destaque entre los demás. La elijo porque quiero comprobar cuánto tarda en romperse esa mirada.

A partir de mañana empezará el verdadero proceso de selección.

Yo pondré las exigencias. Yo marcaré el ritmo. Yo decidiré dónde está el límite y, cuando crea haber llegado a él, lo moveré un poco más lejos.

Quiero verla llegar cada mañana con la misma sonrisa y marcharse preguntándose si realmente merece la pena seguir.

Porque mi verdadero disfrute no será verla trabajar.

Será verla perder la ilusión.

Sonrío. La candidata perfecta... ahora empieza la verdadera selección... anularla.


 

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