LO QUE CUESTA LEER
Tomás cuenta los segundos mirando el letrero apagado de la farmacia. Aprieta contra el pecho una bolsa con pan ya muy duro y finge que no tiene frío pero golpea el suelo con sus raídos zapatos mientras la noche llena el espacio. Su madre hoy tarda demasiado dentro del bar de luces violetas.
Cuando por fin sale, tambaleándose sobre los tacones rotos, él la mira y le regala una profunda sonrisa. Ella no...solo le arrebata la bolsa, abre el contenedor y la tira.
—Hoy tomaremos pizza y mañana podrás comprar ese maldito libro que te obligan a leer en clase.
Y aunque Tomás se reconforta con lo que acaba de escuchar algo le hace pensar que mamá no está muy contenta.
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