NECESIDAD DE ADMIRACIÓN

 Cada quince días aparecía por la redacción. Elegante, solemne, distinguida, muy cortés, y con una prestancia que mostraba autoridad y cautivaba las miradas. Aunque los años habían comenzado su demolición aun conservaba gran parte de la hermosura desbordante que debió adornarla en el pasado y que todavía se adivinaba en tanta belleza.

Siempre hacía el mismo encargo. En la sección de esquelas encargaba la publicación de una con su nombre. Solo su nombre, sin más datos, y siempre acompañada de un escueto y breve texto: "Falleció en su domicilio confortada con los Santos Sacramentos".

Aquel día no puede evitar preguntarle la razón de tan reiterativo encargo. 

Me sonrió con una naturalidad infinita y con ese sabor a honda negrura que produce la belleza que se va esfumando. 

Solo me dijo: "No sabe usted como me gratifican las llamadas que se producen al día siguiente de la publicación".

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