UNA CIFRA RIDÍCULA

No esperaba encontrar a nadie en casa y menos a aquel desconocido. Estaba sentado en mi cocina, fumando junto a la ventana abierta. Sobre la mesa descansaba una fotografía mía y un sobre demasiado grueso para traer buenas noticias.

—Tu mujer quiere quedarse viuda —dijo, casi aburrido—. Dinero, playa y amante joven. El pack completo.

No me sorprendió en exceso, aunque nunca pensé que se atreviera a tanto. Sabía de sus locas aventuras apasionadas, de sus vicios, de sus caprichos... pero encargar mi asesinato... eso era una locura. 

Pregunté cuánto valía mi vida. Él dio una cifra ridícula.

Y eso fue lo que más me enfadó. Yo valía mucho más que eso.... muchísimo más.

Aquella noche, desde la terraza más alta del Hotel Ritz, una mujer cayó al vacío mientras yo bebía en el jardín un wisky con hielo y seguía pensando en el inmenso dolor que me había causado al "considerarme tan barato".

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