RECUPERAR
Regresaron de golpe aquellos años de excesos, de caricias, de noches interminables que se cosían a las madrugadas hasta formar un solo lienzo de vida sin límites. Entonces no había lugares prohibidos ni horas perdidas. Todo estaba por descubrir y el mundo parecía exigirte una sola cosa: estar presente.
Vivir. Vivir con la urgencia de quien sabe que cada día y cada noche puede ser la última.
Había sido hermoso. Pleno. Absorbente. Vital... Vivir sin límites...
Y ahora, tantos años después, mientras el sol se hundía lentamente en el mar, volviste a sentir aquella misma punzada en el pecho. No era nostalgia. Era algo más parecido al hambre y a la necesidad.
Por eso, ¿cómo explicarle a tu nieta -que ha llamado a la policía muy alterada porque lleva tres horas buscándote angustiada- que el tiempo se detuvo en aquel chiringuito de la playa?
¿Cómo contarle que, entre el humo de aquellos cigarrillos y los dos tragos de whisky, tus ojos se quedaron prendidos de aquella mujer que, con una elegancia insolente, paseaba en traje de baño?
Quizá tengas que decirle que te equivocaste de autobús.
Que en lugar de bajarte frente al Centro de Día terminaste frente al mar.
Y que, desorientado, preferiste esperar a que te encontraran...
Y quizá el próximo mes toque de nuevo "desorientarse" que uno ya tiene una edad....
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