MAÑANA

 No recuerdo quién es esa mujer que entra cada mañana sonriendo en mi habitación.

Me habla con una ternura que me incomoda profundamente.

 Me abrocha el abrigo, remueve el café para que no me queme y finge no notar que la observo con completa desconfianza.

Hoy, mientras el sol caía sobre la terraza de la residencia y yo me adormecía, sus ojos atraparon los míos.

Y, durante un segundo... solo un segundo... regresó el invierno: una puerta que se abre, dos rostros enfrentados, y el temblor de mis labios cuando la besé por primera vez.

Le apreté la mano con fuerza para no perder aquel recuerdo.

Esta tarde no quiero dormir. Tengo miedo... pues sé que mañana tendré que volver a coser, puntada a puntada, todos los pedazos de mi memoria.

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