PREMONICIÓN

 Cada vez que dibuja, es capaz de anticipar las cosas y dotarlas de sentido real.

Recuerdo los primeros días, cuando le di un papel y unos colores. Dibujó un sol inmenso, radiante, y durante todo aquel verano no dejó de brillar. Después llegaron los campos salpicados de flores, y nuestro jardín se convirtió en la envidia colorista de todo el vecindario. Más tarde aparecieron los barquitos saltando sobre las olas. Fue entonces cuando papá compró el yate con el que recorrimos todo el Mediterráneo.

Pero el mes pasado ocurrió algo distinto.

Empecinado en hacerlo, se empeñó en dibujar un voraz incendio que devoraba una casa. 

Y es cierto que tres semanas después yo no quería prender fuego a la habitación... claro que no. 

Pero me sentía rabiosa, fuera de mí, cuando llegué a casa y encontré a mi marido con la vecina en una situación poco decorosa.

Ahora, mientras contemplo las cenizas y llevo flores a la tumba de mi fallecido esposo recuerdo aquel dibujo y todo parece encajar.

Está claro que la culpa no fue mía.

Fue la premonición del niño y la maldita manía de dibujar. Lo quitaré de las clases de pintura y lo apuntaré a Badminton... que le irá mejor a todos.

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