UN BESO NECESARIO

Quedaron como si nada hubiera pasado, como si los años juntos pudieran doblarse y guardarse sin arrugas. El plan era sencillo: un fin de semana de escalada, roca, silencio y ese tipo de confianza que sobrevive incluso a lo que no funciona. La amistad estaba por encima de todo. Habían sido un amor hermoso pero no podían renunciar a ser unos buenos amigos.

Él revisó el material con cuidado: la cuerda, los nudos, los mosquetones. Ella bromeó con que siempre había sido demasiado meticuloso. Él le sonrió como cuando sus corazones giraban juntos

Mientras ascendía, ella iba ligera, segura, deteniéndose solo para colocar los seguros y mirarle abajo, donde él sostenía la cuerda con aparente calma. Hablaron poco; no hacía falta.

Cerca de la cima, él le pidió que se detuviera.

—Un beso en las alturas —dijo—. Por todo lo bueno que hemos vivido.

Ella dudó apenas un segundo, pero luego sonrió con esa dulzura que siempre le había desarmado. Se inclinó hacia la pared, buscó el equilibrio, y acercó los labios.

Él la miró como si quisiera fijar ese instante para siempre. Un instante maravilloso, dulce y grandioso, en las alturas infinitas que no quería perderse. Un instante maravilloso antes de observarla caer sin remedio en el vacío y estrellarse contra el suelo.



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